Hay fechas que no piden mucha introducción. El Día de las Madres es una de ellas.
Desde pequeño observé en mi mamá algo que con los años entendí mejor: una capacidad casi infinita de dar, de acompañar, de sostenerse cuando todo parece tambalearse. Esa fortaleza silenciosa que tienen las madres no tiene nombre médico, pero cualquier persona que haya crecido al lado de una lo reconoce de inmediato.
Hoy quiero apartarme un momento de los procedimientos y de las consultas para escribir algo más personal. Porque detrás de cada paciente que me visita, hay una historia. Y muchas veces, esa historia tiene el rostro de una madre.
El amor que mueve todo lo demás
Mi mamá fue, y sigue siendo, un motor silencioso en mi vida. No solo como figura de afecto, sino como ejemplo de constancia. Estudiar medicina, especializarme en cirugía plástica, construir una consulta en Caracas donde cada paciente se sienta escuchada antes de ser evaluada, todo eso tiene su raíz en valores que ella sembró.
Los médicos solemos hablar mucho de técnica, de tecnología, de resultados. Y tiene sentido, porque eso es parte fundamental de lo que hacemos. Pero la razón por la que uno elige dedicarse a algo con verdadera entrega casi siempre viene de un lugar más profundo. En mi caso, ese lugar tiene mucho que ver con ella.
Por qué las madres merecen cuidarse también
Algo que veo con frecuencia en la consulta es que las madres suelen ser las últimas en la fila cuando se trata de cuidarse a sí mismas. Acompañan los procesos de todos, resuelven, organizan, sostienen, y en ese camino a veces se quedan sin tiempo ni espacio para atenderse.
No estoy hablando necesariamente de cirugía. Estoy hablando de ese acto sencillo y poderoso de decir: yo también importo.
Cuando una paciente llega a mi consulta, independientemente del procedimiento que esté considerando, lo primero que me interesa entender es quién es ella. Qué la mueve, qué la incomoda, qué espera. Porque el objetivo nunca es cambiarla, sino ayudarla a potenciar su propia belleza, esa que ya existe y que a veces solo necesita un poco de atención para brillar con más claridad.
Eso aplica para cualquier mujer. Y sí, también para las mamás, que muchas veces llegan después de años de posponerlo.
Gracias, mamá
Esta entrada no tiene una conclusión técnica ni una llamada a la acción. Es simplemente un espacio para decirlo en voz alta: gracias, mamá. Por el amor incondicional. Por enseñarme que cuidar a otros empieza por tener claridad en quién uno es y en lo que uno valora.
Si eres madre y estás leyendo esto, espero que hoy alguien te lo haya dicho también. Y si en algún momento decides que es tu turno de cuidarte, de escucharte, de hacer algo por ti, aquí en Caracas hay un espacio que te espera sin juicios y con un plan pensado solo para ti.
Feliz Día de las Madres.
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El Dr. Taborda te atenderá personalmente y resolverá todas tus dudas.